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Funcionaria pública: ‘Envié a mi hija a vivir en otra provincia temporalmente para poder trabajar en jornada presencial’

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Volver al trabajo presencial para el 25% de servidores públicos en Quito, a partir de este lunes 29 de junio del 2020, representó una compleja situación para algunas personas que tienen hijos, en medio del creciente número de contagios en la capital.

Dos funcionarias que son madres, y quienes pidieron la reversa de sus identidades, compartieron con EL COMERCIO cómo se organizaron para que sus hijos estén a buen recaudo, mientras ellas retornan a las actividades en las oficinas.

‘Dejé a mi hija con mi hermana en Playas’

Martha es servidora pública en el área administrativa desde hace 10 años. Es madre soltera. Su primera hija es mayor de edad y estudia en el extranjero; su última hija tiene 11 años. Ella se apoyó en su hermana, quien vive en Playas (Guayas). Ahí está su hija menor desde hace 10 días. Este es su testimonio:

“Como ya se sabía que íbamos a regresar (al trabajo presencial), me organicé con mi hermana desde inicios de junio. Primero tuve inconvenientes con mi jefa porque no comprendía que tenía que viajar para dejarla a mi hija, porque aquí (en Quito) no tengo con quién dejarla y no me da tranquilidad salir a trabajar. Conseguí el permiso y viajamos la semana pasada a Playas.

Me quedé ahí dos días y volví. Este sábado que pasó nos conectamos virtualmente porque era el fin de sus clases y con eso terminó la escuela para pasar al colegio. Fue un poco triste porque era como una graduación de la escuela y el resto de padres habían preparado una mesa en sus casas para celebrar a sus hijos.

Preferí dejar a mi hija donde mi hermana con varios días de anticipación a mi retorno a la oficina, porque a veces no hay comprensión de los jefes.

Mi hija normalmente pasa las vacaciones en Playas, pero ahora las circunstancias son distintas por el covid-19. De aquí no la vuelvo a ver (físicamente) hasta que comiencen las clases”.

Juliana: ‘Mi cuñada, una teletrabajadora, cuida a mi hija’

Juliana empezó a trabajar en el sector público en junio de este 2020, en el área administrativa, después de permanecer 5 meses en el desempleo. Está casada con un policía, que ahora cumple su servicio en otra ciudad, juntos tienen un niño de 2 años de edad. Esta es su historia:

“Antes tenía una niñera que me ayudaba. Como me quedé sin trabajo prescindí sus servicios, pero la ayudaba con lo que podía porque ella, a su vez, mantiene a sus dos hijos. Cuando conseguí trabajo la volví a contratar. Le hice una prueba rápida para ver si no estaba contagiada con covid-19, porque donde vivo -una casa rentera- también vive mi suegro y junto con mi hijo son personas vulnerables.

El resultado fue positivo, así que le hicimos una prueba PCR, pero volvió a dar positivo. Pasaron 21 días de eso y el viernes pasado se hizo otra prueba rápida y otra vez dio positivo.

Ahora estamos con esa preocupación de ver cómo hacemos con mi niño, porque yo confío en la señora, ya que ella lo cuidó desde que tenía tres meses de nacido. Me da miedo poner a mi hijo en otras manos, no podría estar tranquila.

Yo quiero esperar a que ella salga negativo para volverla a contratar, porque además el trabajo que yo le daba era el único ingreso que ella tenía. Afortunadamente, no ha sufrido un cuadro grave que la lleve al hospital.

Mientras vemos qué pasa, me está ayudando mi cuñada. Ella teletrabaja y también tiene una hija de 10 años, a la que ayuda con sus estudios virtuales. Es grande el esfuerzo que ella hace por ayudarme. En la casa todos ayudan, hasta mis sobrinas.

No es fácil la situación, porque además mi esposo está aislado en otra ciudad y le van a realizar una prueba para ver si está contagiado, porque un compañero suyo dio positivo.

Lo único bueno es que aquí en la oficina, como es un espacio grande, no tenemos contacto con el público y mantenemos la debida distancia. Cada uno trabaja en su cubículo. Al menos eso me da un poco de tranquilidad”.

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