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Pena máxima por el asesinato de Julissa, joven universitaria reportada como desaparecida en Quito

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Julissa avanzaba en su camino como estudiante de Enfermería; soñaba con ayudar a sus pacientes. Pero el 9 de noviembre del 2017, seis días después de haber sido reportada como desaparecida, su cuerpo -vulnerado, violentado a golpes- fue hallado en un barranco de La Chorrera, en el barrio Toctiuco, Centro Histórico de Quito.

La joven, de 19 años, fue asesinada por Luis Alfredo Ch., quien cometió el crimen para “evitar que su esposa se enterara de la relación sentimental que tenía con la víctima”, según reza un documento oficial de la Fiscalía publicado el viernes 18 de septiembre del 2020. 

La familia peleó por justicia y -después de un proceso legal que duró casi dos años- Luis Alfredo Ch. fue sentenciado a 34 años y ocho meses de reclusión en una cárcel de Ecuador por el crimen.

El hombre fue procesado por el delito de asesinato, tipificado en el artículo 140 del Código Orgánico Integral Penal (COIP), que contempla una pena de entre 22 y 26 años de cárcel. Pero el caso de Julissa tenía un agravante que elevó la pena y está fijado en el numeral 1 del artículo 47 de la normativa: “ejecutar la infracción con alevosía o fraude”, pues la Justicia determinó que la muerte de la joven fue planificada por Luis Alfredo Ch., quien eliminó toda posibilidad de defensa de la estudiante. 

En la audiencia de juzgamiento, la Fiscalía desentrañó el crimen y expuso más de 20 pruebas indiciarias, entre testimonios y documentos, que demostraron la culpabilidad de Luis Alfredo Ch., quien, después de asesinar a la joven, contrajo matrimonio eclesiástico con su pareja y celebró el bautizo de su hijo. 

La última vez que la familia de Julissa la vio con vida fue el 3 de noviembre del 2017. La joven salió de su hogar para cumplir con las prácticas profesionales de su carrera. No regresó más. Pronto, sus padres denunciaron su desaparición a la Fiscalía. Una de las personas convocadas a una entrevista fue precisamente Luis Alfredo Ch., quien negó conocerla durante el diálogo. Su discurso alertó a los investigadores, que decidieron volver a contactarlo.

Durante la segunda entrevista, el hombre admitió que sí la conocía, pero “solo por mensajes” y negó la existencia de un vínculo, porque apenas había contraído matrimonio y su esposa estaba embarazada. Pero una de las pericias desbancó su versión y reveló una muerte violenta, dolorosa. 

El 9 de noviembre, una persona que caminaba por la vía Humboldt, rumbo a casa de sus padres, vio el cadáver de Julissa en la quebrada de Cruz Loma, en Toctiuco Alto, en el Centro Histórico. El acceso al lugar no es fácil, pues que implica una caminata de dos kilómetros que elevó las alertas de un crimen. Cuando se levantó el cuerpo, una de las diligencias urgentes fue la explotación del celular que la joven había dejado en casa seis días antes.

El asesino cambió sus versiones del crimen

Después de indagar en el contenido del dispositivo, se halló una serie de mensajes y una fotografía del pecho de Luis Alfredo Ch. que decía: “Julissa, te amo mucho”. Entonces, la Fiscalía lo llamó a rendir versión y una muestra de sangre fue tomada -de forma voluntaria- para ser analizada.

La Fiscalía cotejó su ADN con la muestra que se extrajo de los restos de Julissa y el resultado fue positivo, además de que se ubicó material genético en los dedos y uñas de la joven, un signo de que luchó por su vida. Entonces, la historia del hombre cambió: dijo que mantuvieron relaciones íntimas a las 07:00 del 3 de noviembre, atrás de una iglesia, en el Centro de Quito. Pero el párroco del templo lo desmintió, pues el espacio abría sus puertas a las 08:00. 

La investigación reveló que Luis Alfredo Ch. llevó a Julissa al interior de la quebrada de Cruz Loma. Para aislarla, el hombre la adentró a una zona boscosa del sendero conocido como ruta de Humboldt. Allí, mantuvo relaciones íntimas con la joven, para después asesinarla, ocultar su cadáver en el ramaje de la zona y arrojar sus pertenencias. 

El asesinato de Julissa deja a una familia quebrada, aunque fortalecida, que no dejó de reclamar por justicia para la joven. Y lo seguirá haciendo, pues el proceso no ha terminado. Pese a las pruebas condenatorias, Luis Alfredo Ch. apelará a la sentencia, aunque aún no existe una fecha fijada para la audiencia. 

La sentencia, notificada por escrito a la Fiscalía Especializada en Personas y Garantías N° 7 de Pichincha, además, incluye una reparación simbólica y económica de USD 20 000 para los herederos de Julissa, además de 1 000 Salarios Básicos Unificados como multa -según el Ministerio Público- para “la administración de justicia”.