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En defensa del ‘bag-in-box’ en el mundo del vino – Gastronomía – Cultura

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Es el patito feo del mundo del vino. Nadie saca pecho porque lo produce o lo compra. ¿La razón? Los bag-in-box (BIB) son sinónimo de vino barato que solo cabe vender por volumen, porque ‘nada muy bueno se puede esperar de un vino que viene en una bolsa de plástico (o de plástico-aluminio), se embala en una caja de cartón y se suele vender en volúmenes de 3 a 5 litros’, reza la creencia.

La mayoría de las bodegas piensa que sacar un vino en este empaque es como clamar a los cuatro vientos que uno hace vino ‘de combate’ y nadie quiere ese ‘sello’ sobre su marca. Mientras que los consumidores más puristas se niegan siquiera a considerar la posibilidad de cambiar el glamour de la botella en la mesa y el ritual del descorche y el servicio por una caja de cartón.

Es una cuestión de percepción de valor en la que se olvida por completo que hablamos del empaque, no del producto, que es lo que realmente importa.

Su sistema de dispensador impide la entrada de oxígeno,
con lo cual el vino puede durar
en perfectas condiciones hasta
un mes. Algo muy útil para
quien quiere beber solo una copa con su cena.

Pero los tiempos cambian y los BIB van rompiendo barreras mentales y ganando terreno. Uno de sus mejores aliados es la mayor conciencia medioambiental que hay hoy. Ya en el 2008, The New York Times explicaba que llevar una botella de 750 ml de un viñedo de California a Nueva York (en la costa oeste se hace el 90 % del vino estadounidense) implicaba emitir 5,2 libras de CO2, mientras que hacerlo en BIB genera la mitad de ese CO2 por cada 750 ml transportados. Y es que un BIB de 3 litros pesa 179 gramos y el 80 % de ese peso es cartón.

Pero las ventajas del bag-in-box no son solo ecológicas. Su sistema de dispensador impide la entrada de oxígeno, con lo cual el vino puede durar en perfectas condiciones hasta un mes. Algo muy útil para quien quiere beber solo una copa con su almuerzo o cena.

Y al reducir los costos de empaque y transporte (por botellas y corchos), el precio de lo que nos interesa, el vino, es menor. También es más práctico a la hora de comprar, transportar y guardar. Un BIB de tres litros equivale a cuatro botellas, cabe en la nevera y se lleva muy fácil a un pícnic o a un asado.

Su sistema de envasado, hermético y seguro, es ideal para vinos que no requieran evolución en botella: claramente, más del 90 % de lo que se bebe hoy en Colombia. Y si lo que preocupa es la estética, sepa que los BIB son cada vez más innovadores y atractivos, pero, además, puede llevar el vino a la mesa en un decantador o jarra de vidrio: el famoso ‘pichet de vin’ de los franceses.

Es cosa de tiempo para que empecemos a ver vinos de más calidad en este formato. El mercado lo impondrá. De hecho, hoy en Suecia el 30 % del vino que se importa es BIB.

En miles de hogares de Europa y Norteamérica, el vino del día a día se compra en BIB, y como cada vez más bodegas se unen a esta corriente, es cosa de tiempo para que empecemos a ver vinos de más calidad en este formato. El mercado lo impondrá. De hecho, hoy en Suecia el 30 % del vino que se importa es BIB. Y Francia, principal exportador, no para de aumentar sus envíos a todo el mundo.

Los expertos creen que la ‘mala fama’ del BIB desaparecerá tal como pasó con la tapa rosca. Y ya hay señales: según Nielsen, la pandemia disparó la compra de BIB en Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido por encima del 50 %.

¿Desplazará a la botella? No, pero lo relevante es que este empaque y sus múltiples ventajas pueden ayudar a acercar a mucha gente al vino. Y más en un país como el nuestro, donde el vino se volvió un artículo de lujo. Así que mal no estaría que empezáramos a ver bag-in-box en los supermercados.
¡Salud!

VÍCTOR MANUEL VARGAS SILVA
Editor de la Edición Domingo de EL TIEMPO
En Instagram: @vicvar2