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El bono ayuda a sobrevivir en la pandemia

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Antes de la emergencia sanitaria, los gastos en la casa de Mercy Barahona se dividían entre cuatro. Su esposo y yerno trabajaban; ella y su hija Nicole aportaban con el Bono de Desarrollo Humano (BDH).

“Pero con la crisis mi yerno perdió su trabajo y a mi esposo ya casi no lo llaman para la construcción. A mi hija le dieron el bono en la pandemia, pero se lo quitaron”.

Los USD 47 que recibe al mes son divididos entre las 12 personas que viven en su casa en Monte Sinaí, popular zona del noroeste de Guayaquil. Quienes más le preocupan son sus pequeños hijos y sus nietas de apenas 3 y 1 año de edad.

La crisis generada por el covid-19 golpea a las familias más pobres, para quienes las transferencias del Sistema de Protección Social se han convertido en su único sustento.

Sin embargo, este beneficio no registra un aumento significativo. Entre marzo -antes de la emergencia- y agosto de este año, el BDH de USD 50 tuvo un incremento del 0,62% en núcleos familiares habilitados para el cobro.

Por el contrario, el bono con componente variable (hasta USD 150, según la conformación familiar) tuvo una disminución de beneficiarios del 0,73%. Otras compensaciones, para adultos mayores y personas con discapacidad, también reportan un ligero descenso.

Pese a esta reducción, el monto total entregado en agosto supera en USD 6 millones al de marzo. El Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) aclara que la cobertura de transferencias varía.

Y explica que la habilitación del pago responde a bases de datos, como los de la Unidad de Registro Social que reúne información de la población asentada en sectores más pobres. Su catastro revela que la pobreza extrema en los hogares de estas zonas pasó de 4,60% en marzo a 5,48% en agosto.

Por 15 años, el bono fue un soporte para Alba Bazurto, moradora de la cooperativa Sergio Toral, también en Guayaquil. Hoy el empleo de su esposo es esporádico, así que los USD 60 que cobra al mes son su ingreso de base. “Nos ajustamos como nos dé el bolsillo”.

Para Carlos Larrea, docente de la U. Andina y especialista en Economía Política, resulta indispensable mantener y ampliar la entrega de estas compensaciones. Esto, debido al riesgo de una explosión social por la crisis derivada de la pandemia y el desempleo.

“Se debe establecer un programa de emergencia social”, advierte. Como salida sugiere la negociación de apoyos de emergencia con organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) o el Banco Mundial.

El BID es parte del nuevo Bono de Apoyo Nutricional. Este se asignará a más de 7 990 familias con niños de entre 0 y 3 años, que son parte de los servicios de desarrollo infantil del MIES. Es una transferencia única de USD 240.

Yuly Córdova y su bebé de 2 años asistían al centro del programa Creciendo con Nuestros Hijos en Chillogallo, en Quito. Ahora reciben las tareas y nutritivas recetas por WhatsApp. “De recibir el bono sería para alimentación. Los niños necesitan proteínas y hierro”.

Otra compensación que surgió es el Bono de Protección Familiar, de USD 120. El MIES ha entregado USD 114 millones a 950 000 familias entre abril y junio, los meses más críticos.

Poco antes del confinamiento, Johanna Avilés accedió a un préstamo del BDH por USD 1 081. Quería abrir un negocio de comida rápida que no se concretó. “El dinero se fue en medicinas y alimentos. Lo poco que queda fue para abrir una tienda”. Mercy y su hija Nicol quieren vender comida a domicilio. Aplicaron a un crédito, pero el trámite está en espera.

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