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38 comuneros y 66 vigías de Quito, contra el fuego

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La jornada de Franklin Simbaña y Henry López empieza a las 08:30. En la Estación de Bomberos de Pifo (oriente de Quito), ambos se alistan para salir al patrullaje en Píntag, una zona donde los incendios forestales son más frecuentes.

Simbaña y López son dos brigadistas comunitarios. Cada año, el Cuerpo de Bomberos recurre a personal extra para enfrentar la época seca que se produce entre julio y octubre. Este 2020 contrató a 38.

El Plan Fuego 2020 incluyó 38 puntos en donde, de acuerdo con eventos registrados en años anteriores, hay mayor recurrencia de quemas forestales. El año pasado hubo 37. Esta vez se sumó el Casitagua.

Por administración zonal, los puntos se dividen así: Calderón 2, La Delicia 4, Eugenio Espejo 8, Manuela Sáenz 5, Eloy Alfaro 3, Tumbaco 11
y Los Chillos 5.

La ventaja de los brigadistas, señala Jorge Almeida, director de Operaciones de Bomberos Quito, es que pertenecen a las comunidades de zonas vulnerables. Esto les otorga mayor conocimiento, por ejemplo, de las rutas de acceso.

Para ambos brigadistas, el incendio del Antisana, ocurrido el viernes 9 de octubre, ha sido el evento más fuerte en el que han actuado este año.

Simbaña cuenta que ese día trabajaba con su equipo para sofocar un siniestro en el Sincholagua. “Recibimos la alerta cuando ya nos retirábamos. Aún exhaustos emprendimos el viaje pensando que no era muy fuerte”.

Al llegar al punto divisó las columnas de humo y eso cambió el panorama. El incendio era de gran magnitud, uno de los de nivel 3 (quema de más de 10 hectáreas) que han ocurrido desde julio. “Eran las 17:00 y trabajamos hasta las 19:30. Se quemaba pajonal, que es el material más difícil de apagar. Cuando decidimos parar porque cayó la noche, aún faltaban unos 1 000 metros lineales de fuego”, cuenta.

Entre el 24 de julio y el 12 de octubre, el Distrito Metropolitano registró 1 141 incendios forestales, desde conatos hasta quemas nivel 3. Eso, en relación con el mismo período del 2019, significó 1 198 eventos menos.

Sin embargo, esa reducción de eventos no se tradujo en menos terreno afectado. Con el incendio en el Antisana, este año se han quemado ya 1 363 hectáreas. En el 2019 se consumieron 1 018.

López recuerda que también tuvo que asistir a ese incendio. “Pude ver cómo se quemaba la naturaleza y murieron animales”. Eso le impactó, porque su principal motivación para unirse al Cuerpo de Bomberos fue cuidar de la naturaleza. Al final, 450 hectáreas del Antisana se quemaron.

En cuanto a Simbaña, su motivación nació cinco años atrás. Un incendio afectó a su comuna, ubicada en el Ilaló, en Tumbaco. Cuenta que en esa oportunidad los comuneros se convirtieron en la ayuda de los bomberos y desde entonces quiso ser parte.

Para ambos bomberos la preparación física y psicológica es fundamental. Por ejemplo, Simbaña recuerda que en su primer incendio, tres años atrás, sentía desesperación porque las llamas en una quebrada del sector de Oyambarillo no se extinguían.

Las clases sobre cómo enfrentar la presión y la preparación física y mental para soportar largas jornadas fueron su apoyo para controlarse. Hoy, esas experiencias le ayudan a tomar con calma cada evento.

Contar con comuneros es una de las estrategias de Bomberos para enfrentar la época seca. Almeida señala que este año, por ejemplo, empezaron a trabajar los denominados ‘GuardaQuitos’. Son personas que hacen de vigías en puntos vulnerables. Son moradores de esos sectores y la panorámica que tienen desde sus casas les permite alertar a tiempo sobre columnas de humo. Este año se contrataron 66.

Otra estrategia fue que personal en motocicletas patrullara los 38 puntos críticos de forma permanente. En esos lugares, sobre todo en las partes más altas, se parquearon ve­hículos para disuadir posibles intentos de quemas.

Para el Plan Fuego de este año, Bomberos contó con sus 23 estaciones de respuesta y 781 efectivos. También con 150 vehículos especializados entre los que están autobombas forestales, autobombas polivalentes, tanqueros y vehículos todoterreno. Normalmente, a mediados de octubre termina el Plan Fuego. Sin embargo, el clima y los pronósticos del Inamhi incidieron en que los bomberos decidan extender el plan durante todo el año.

Simbaña y López concuerdan en algo: su actividad llena de orgullo y preocupación a sus familias. Ambos dicen que continuarán como brigadistas para aportar con algo al cuidado de la naturaleza.