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Así ha sido la campaña de Hárold Rivera como técnico de Santa Fe – Fútbol Colombiano – Deportes

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El día que Harold Rivera llegó a Santa Fe no hubo pólvora ni luces en el cielo. Nadie lo esperaba con bombos. Se trataba de un entrenador silencioso que llegaba a agarrar a un expreso descarrilado. Llegó dizque de paso, dizque para no demorarse, eso decían en el club. Y quizá Rivera era el único que pensaba lo contrario. Hoy, más de un año después, el expreso rojo de Rivera está encarrilado y avanza a toda máquina, está casi clasificado a las finales de la Liga, y ya nadie duda de la capacidad de este entrenador silencioso.

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Santa Fe ahora sonríe, se entusiasma, pero cuando Rivera llegó no era así, era todo lo contrario, era solo malestar y tristeza y hasta preocupación. El equipo no andaba y no convencía a nadie. El técnico era el argentino Patricio Camps, que tuvo un paso efímero por Bogotá. Lo mejor que hizo fue perder goleado un partido contra Tolima, porque ahí el club se vio obligado a dar un giro, a empezar de nuevo.

El presidente Eduardo Méndez, que estaba de regreso al club, tenía bajo la manga un as que tiró sobre la mesa como si no fuera un as, sino como un papel para tapar un hueco. Méndez lanzó la carta de Rivera con precaución, para que nadie se entusiasmara, ¿igual, quién se iba a entusiasmar? Y es que su técnico, el que él quería para enero, para iniciar una reconstrucción, era Alberto Gamero, el mismo que después se vistió de azul y hoy sufre para encontrarle la vuelta a Millonarios. Nadie pensaba, ni Méndez ni la afición ni los más optimistas, si es que los había, que el Santa Fe de Rivera se iba a levantar de entre los muertos y de qué manera.

“De momento voy hasta diciembre y esperemos a ver qué pasa”, dijo Rivera cuando llegó, con toda la prudencia del caso. Y desde entonces, Santa Fe empezó a ganar, ganar, ganar, y cuando los demás equipos se dieron cuenta, ya estaba clasificado entre los ocho, de manera tanto heroica como milagrosa. No fue campeón, no llegó a la final, pero dio batalla. ¿Entonces, quién iba a sacar a Rivera? Nadie. Al contrario, Méndez lo ratificó en noviembre, y aunque tampoco hubo pólvora, la afición quedó tranquila, entusiasmada, ya le creían, y Rivera, ya como técnico en propiedad, se llenó de nuevos motivos. “Con esta ratificación pública es empezar a trabajar para lo que será el 2020”, dijo, y el año le sonríe.

Rivera no ha decepcionado a nadie en esta temporada. Santa Fe se ha convertido en un equipo con identidad y con coraje. Es de esos rivales que nadie quiere enfrentar porque pelean hasta el final, con espada y escudo, o que lo digan Pereira o Millonarios, o Cúcuta o el Cali, que sufrió para poderlo derrotar en la fecha anterior. Ayer lo ratificó, enfrentaba a un colero como Chicó y tenía que ganarle y le ganó bien, 3-1.

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La campaña de Rivera

Santa Fe encontró a su técnico ideal, a uno que transmite la identidad del club, a uno que ha sacado provecho de la garra de Andrés Pérez, y de la valentía de Daniel Giraldo, y de la seguridad de Leandro Castellanos, y del momento de Carlos Arboleda y de la genialidad de Sambueza. Y además ha encontrado reemplazos cuando los ha necesitado. Como ahora, cuando no tiene al que era su goleador, Diego Valdés, y encontró al joven Jorge Ramos, que le hizo dos goles a Chicó.

Claro, con Rivera Santa Fe también ha tenido partidos malos, como el último clásico contra Millonarios, quizá su peor partido desde que llegó, pero en general el equipo siempre da batalla y busca los puntos. Y eso se refleja en las estadísticas. Rivera ya ha dirigido 38 partidos en Santa Fe, un montón, y lo mejor es que de ese montón solo ha perdido 7, solo 7 en más de un año, solo 7 en un equipo que andaba al filo del abismo. Bogotá se convirtió en su fortín. El equipo no pierde en casa desde el 22 de agosto del año pasado, un partido contra América. Pero cuando sale, también lucha.

Ya llegó a 30 puntos, así que está prácticamente clasificado a cuartos de final, que será la hora de la verdad para saber si el expreso de Rivera llega con impulso. Por ahora, el técnico silencioso hace gritar a Santa Fe, gritar goles y gritar victorias. El que llegó sin despertar emoción, de bajo perfil, el elegido como un as, pero solo para tapar un hueco, el que no iba a durar más de seis meses es el que tiene hoy a Santa Fe andando, encarrilado, con la estrella en el horizonte, a ver si la alcanza.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET​