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Reapertura de frontera con Perú depende de encuentro binacional

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El puente internacional, que conecta a Huaquillas (Ecuador) y Aguas Verdes (Perú), está bloqueado con barandales metálicos y volquetadas de arena, del lado peruano.

En el tramo ecuatoriano se ofrece pasar la frontera en tricimoto por USD 5. Y solo 600 metros al sur del viaducto se encuentra el primer paso informal sobre el canal Zarumilla. Allí concluye el regenerado parque lineal de Huaquillas.

La pandemia de covid-19 ha extendido el cierre del puente por más de siete meses, desde el 15 de marzo. Las dos poblaciones dependen de la visita de turistas y del intercambio de mercancías. Las autoridades de ambos países analizan una posible reapertura de la frontera, mientras crece el número de pasos ilegales.

El sector comercial y empresarial del fronterizo cantón, en El Oro, ha dejado de percibir más de USD 25 millones durante la emergencia sanitaria, según la Cámara de Comercio de Huaquillas.

José Córdova, presidente del gremio, señala que el cierre del puente es insostenible ante la crisis económica derivada de la pandemia.

Las ventas de los negocios alcanzan en promedio el 15% de lo que facturaban hasta marzo de 2020. La Cámara registró que hasta un 20% de propietarios de negocios entregó sus locales, ante la imposibilidad de pagar arriendos. El gremio tiene 1 473 asociados.

También subraya la inseguridad que supone atravesar la frontera a diario, por pasos en los que se cobra USD 1, que incentivan la informalidad y el contrabando. “Somos una ciudad binacional y necesitamos del intercambio de productos, movernos libre y legalmente a través del puente internacional”, señala Córdova.

Ante el cierre del paso formal, tanto personas como mercaderías se trasladan de ida y vuelta por pasos clandestinos que van en aumento a lo largo del Zarumilla, según la autoridad distrital de Policía.

Se trata de un canal de 40 kilómetros, entre las dos poblaciones, con 6 o 7 metros de ancho en sus partes más próximas, sobre el que se facilita tender puentes de madera e incluso de otros materiales.

“La frontera es grande y permeable, en los dos últimos meses hemos destruido más de 30 pasos clandestinos de construcción mixta”, sostuvo el mayor Julio Calvopiña, jefe de Policía del Distrito Huaquillas.

Los comerciantes de Huaquillas reportan que pocos clientes llegan a sus puestos. Foto: Mario Faustos/ EL COMERCIO.

El uniformado contó que muchos de los pasos se arman con tablas, arena y hasta piedras. En los controles también participa la Policía peruana.

Pero esos puentes ilegales derrumbados, con maquinaria pesada por las autoridades, a menudo se vuelven a construir para sustentar un negocio de cobro. El oficial asegura que estos pasos aumentaron con la pandemia, hacen más complejo el control e incrementan el clima de inseguridad por eventuales asaltos.

Danny Games, gobernador de El Oro, señala que para los próximos días está prevista una reunión binacional de autoridades para evaluar la reapertura. Pero dice que por encima de los intereses comerciales está precautelar la salud en ambos países.

“La reapertura es un tema que está analizándose entre las cancillerías y a nivel de las presidencias”, añade.

Huaquillas y El Oro reportan estabilidad en el índice de contagios de coronavirus, según Games, pero existe el temor de que reabrir la frontera incida en un rebrote de contagios.

El presidente peruano, Martín Vizcarra, anunció la semana pasada la apertura gradual de fronteras terrestres que incluye a la región de Tumbes, fronteriza con Ecuador.

Ese plan está sujeto a la coordinación y a la expedición de un protocolo sanitario para mitigar el riesgo de contagios. La apertura paulatina empezará desde el mes de noviembre, según Vizcarra.

La Avenida de la República, adjunta al puente internacional, es una de las más comerciales de Huaquillas. Almacenes de electrodomésticos, ropa y calzado se ubican en locales formales y en la propia acera. Habitualmente costaba caminar ante el flujo de transeúntes, pero ahora luce aliviada por el cierre de la frontera.

Stella Luzuriaga, propietaria del local Comercial Luzuriaga, lucha por subsistir en un almacén de venta de equipos de sonido e instrumentos musicales. Con la frontera cerrada la actividad comercial es escasa. Y por otro lado, Perú está bastante afectado por el virus, según Luzuriaga, que no recuerda una crisis igual en 30 años.

“Estamos entre la espada y la pared -declara-, si no reabren la frontera binacional corremos el riesgo de quebrar; y si abren aumenta la circulación del virus desde Perú y desde otras provincias del Ecuador”.

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